12 Ene 2012 , sanserif , Artículos, Autores, 0 Comentarios
Diseño ¿democrático?

Periodista, escritora y consultora de comunicación
Journalist, writer and media consultant
Diseño ¿democrático?
Para los que vivimos inmersos en este exclusivo mundo llamado “diseño” -como creadores, editores, observadores o simples admiradores- nos cuesta concebir la vida sin objetos que embellezcan nuestro entorno, sin imágenes que nos despierten emociones, sin construcciones que nos conmuevan o sin materiales que innoven nuestro bienestar. Entendemos el diseño como un modus vivendi, una actitud, una filosofía de vida. Todo es diseño porque, en efecto, todo producto, tipografía o edificio ha sido concebido por un diseñador con un objetivo.
Inmersos en un submundo donde, con demasiada frecuencia, la funcionalidad está sometida a la belleza visual, observamos el entrono con la mirada deformada por la lupa elitista de la propia pasión y profesión, deleitándonos con el orgasmo estético. Conocedores de la labor titánica que entraña la creación de un nuevo producto, elevamos objetos cotidianos como un exprimidor de naranjas a la categoría de obra de arte, vanagloriamos a diseñadores de biombos como si hubieran descubierto la vacuna contra el cáncer y justificamos que un cubo de basura valga doscientos cuarenta euros. ¿Grotesco? ¡No! ¡Es diseño! ¡Es innovación! (···)
Democratic Design?
Those among us who live completely immersed in this exclusive world called “Design”, whether as creators, editors, spectators or simple admirers, have difficulties in conceiving life without objects that embellish our environs, without images that trigger emotions, without constructions that move us, or without materials that contribute to our wellbeing. We view design as a way of life, an attitude, a philosophy. Everything is design. Indeed, any product, typography or building has been conceived by a designer with a purpose.
Submerged in a sub-world where, all too often, functionality is subordinated to visual beauty, we look on our environment with a gaze that is deformed by the elitist lens of our own passion and trade, relishing in a kind of aesthetic orgasm. Aware of the titanic endeavour entailed in the creation of a new product, we elevate simple everyday products such as an orange squeezer to the status of the work of art, praise designers of folding screens as if they had discovered a vaccine against cancer, and we justify the fact that a rubbish bin can cost 40 euro. Pathetic? Not at all! That’s design! That’s innovation! (···)

Posting your comment...
Leave A Comment