25 Ago 2009 , Michael Bierut , Artículos, Autores, 1 Comentarios
Diseño en tiempos de recesión

Diseñador
Designer
Dissenyador
No hace tanto, lo único que nos preocupaba era cumplir los plazos de trabajo y encontrar sitio para sentarse. En aquella sucesión, aparentemente interminable, de semanas de sesenta horas, los clientes nos llamaban—y no uno ni dos— para pedirnos que les enviáramos factura de encargos que ni siquiera habíamos iniciado y así poder presupuestar y gastar fondos ya asignados. Hubo una ocasión en la que el cliente hasta se olvidó del encargo ya pagado.
Mencioné el caso a un amigo que era gestor de fondos de inversión libre antes de que nadie hubiera siquiera oído hablar de ese tipo de producto financiero. “Sí, ese es el paso previo al hundimiento”—me dijo con expresión afligida—”y el motivo por el que lo dejo”.
No hace falta ser muy ducho en economía para saber que, en 2008, algo se fue a pique. Y 2009 no tiene pinta de ser mejor. Llevo más de veintiocho años trabajando como diseñador y esta es mi cuarta o quinta recesión, dependiendo de cómo llevamos la cuenta. Sigue un relato de qué es lo que pasa en una recesión y algunas medidas a tomar.
Qué pasa en una recesión
1 Todo se ralentiza.
El 19 de octubre de 1987, me encontraba hablando por teléfono con una cliente sobre un posible proyecto. De pronto, se hizo un silencio que mi cliente rompió con un: “¡Caramba! La bolsa acaba de perder 700 puntos. Ahora te llamo”. Tardó bastante en hacerlo. En una recesión cuesta muchísimo iniciar proyectos. Los clientes se toman su tiempo para hacer acopio de propuestas (montones de propuestas ferozmente competitivas), entrevistarse con firmas de diseño potenciales (multitud de ellas, más desesperadas que nunca), llamar una y otra vez con insignificantes (y triviales) revisiones de las propuestas y, finalmente, decidirse por la (quizás después de todo no tan afortunada) empresa de diseño que se encargará del trabajo. Tras ello, vuelta a renegociar los términos de la propuesta. Después, el inicio del trabajo se retrasa varias veces; una vez en marcha, el proyecto se para otras tantas, y, por lo general, cada paso cuesta un tiempo infinito. Tras la entrega del proyecto, todavía queda su lanzamiento, impresión o construcción. Y después, a presentar la factura… Bueno, y ya saben lo que pasa…
2 Todo el mundo aparenta estar ocupado.
Con todo, en medio de todo esa progresión a paso de tortuga, todo el mundo aparenta estar más ocupado que nunca. Los despidos hacen que haya menos gente alrededor y los supervivientes tienen que hacer el trabajo de los colegas caídos. Pero otra razón es que, como todo el mundo sabe, se despide siempre a quienes andan por ahí sin hacer nada. Solución: aparentar exceso de trabajo es la mejor defensa. Lo que antes se solucionaba con un e-mail, ahora requiere una llamada; lo que antes se arreglaba con una reunión de media hora, ahora requiere cuatro, y así sucesivamente. Si temes perder tu empleo, pedir a la empresa de diseño que te visite con tropecientas ideas distintas para la portada de un boceto para desplegarlas sobre la mesa de juntas parece ciertamente la forma de indicar a los peces gordos que andas metido en demasiadas cosas como para que te den la patada.
3 No hay nada seguro.
Pero aunque presentes tropecientas ideas distintas, puede que el despedido sea tu cliente y que tu proyecto acabe en el limbo. Todo eso hace que la planificación se vuelva una locura. Recuerdo una reunión a la que acudí durante la recesión de 1991 con uno de mis colegas, en los alrededores de Washington, para presentar una nueva propuesta de negocio a un ejecutivo de marketing de una empresa que era cliente nuestra y con un nombre que hoy les resultaría familiar. Flamantes y llenos de entusiasmo nos presentamos a la recepcionista, comunicándole que teníamos una reunión a las diez con la Sra. Magillicutty [nombre ficticio]. Tras contemplarnos durante un minuto, perpleja primero, vagamente asustada después, la recepcionista nos invitó a sentarnos en el vestíbulo, trasladándonos luego a una pequeña sala de juntas. Transcurrido un largo rato de espera, apareció un joven. “Hola”—nos dijo—“Soy Joe Blow [nombre ficticio]. La Sra. Magillicutty no puede venir y me ha pedido que les atienda”. Mostramos nuestro producto al educado y no menos confundido joven, y nos marchamos. Nadie quería decirlo, pero todos sabíamos que entre la concertación de la cita y nuestra llegada, la Sra. Magillicutty había sido despedida. Ni que decir tiene, no conseguimos el encargo, eliminado, seguramente, con la propia Sra. Magillicutty. Sin embargo, hay que reconocerle a Joe una considerable habilidad en su forma de resolver la situación. De encontrarse todavía ahí, andará, seguramente, más ocupado que nunca…
Designing Through the Recession
It actually doesn’t seem that long ago that the only problem was getting all the work done and finding people places to sit. Back in the middle of that seemingly endless string of 60-hour-work-weeks, not one, not two, but (um) several clients called to ask if I wouldn’t mind billing them in full, in advance, for work we hadn’t yet begun, just so they could commit their budgets and get the money off their books. And then at least one of them just seemed to forget about the project altogether.
I mentioned this at the time to a friend who’s been a hedge fund manager from before the time when anyone had ever heard of hedge funds. “Yeah, that’s the kind of shit that happens just before everything goes horribly wrong,” he said, looking pained. “That’s why I’m getting out.”
Even if you don’t know much about the economy, you’ve probably noticed that something went horribly wrong in 2008. And 2009 doesn’t look much better. I’ve been working as a designer for over 28 years, and depending on how you count, this is either my fourth or fifth recession. Here’s what happens, and a few things you can do about it.
What happens in a recession
1 Everything slows down.
On October 19, 1987, I was talking on the phone to a client about a potential project. Suddenly she went silent and then said, “Wow. The stock market just went down 700 points. Let me get back to you.” It was a long time before she got back to me. In a recession, it takes forever to get things off the ground. Clients take their time gathering (lots of brutally competitive) proposals, interviewing (lots of hungrier-than-usual) prospective design firms, calling back and forth with minute (and trivial) revisions to the proposals, and finally selecting the (perhaps-not-so-lucky) design firm to get the assignment. Then they go back and renegotiate all the terms of the proposal. Then they delay the start of work several times, put the project on hold several more times once it’s underway, and generally take lots of time to brood over every decision every step of the way. Once the project is delivered, they wait longer to launch, print, or build it. And then when you submit the invoice…well, you get the idea.
2 Everyone acts busy.
Yet, in the midst of all this molasses-like slow motion, everyone acts busier than ever. One reason is because of layoffs, fewer people are around, and those left behind have to do the work of their fallen colleagues. But another reason is that everyone knows that it’s idle people who get laid off, so looking busy is the best defense. Things that used to be settled with an email need a phone call, what used to be a phone call is now a meeting, a 30-minute meeting now takes four hours, and so forth. If you’re afraid of losing your job, asking your design firm to visit with three dozen iterations of a brochure cover to spread out on a conference room table certainly seems like a way to signal to the powers-that-be that you’ve got way too much on your plate to be axed.
3 Nothing is certain.
Even if you’ve just presented three dozen iterations, your client can still get fired, and your project can still be put on hold. This makes planning anything completely maddening. I remember back in the 1991 recession going to a meeting in suburban Washington DC with one of my partners for a new business presentation to a senior marketing person at a client company with a name you’d recognize today. We presented ourselves all bright and cheerful to the receptionist and said, “We’re here for our 10 o’clock meeting with Ms. Magillicutty [not her real name].” The receptionist looked blankly at us for a minute, then looked vaguely terrified, then asked us to sit down in the lobby, then moved us to a small conference room. After a long time, a young fellow came in and said, “Hello, I’m Joe Blow [not his real name]. Ms. Magillicutty can’t be here, and she asked me to help you.” We showed this polite but baffled guy our wares and left. What everyone knew, and no one wanted to say, was that Ms. Magillicutty had been fired sometime between making the appointment and our arrival. Needless to say, we didn’t get the assignment, which had probably been eliminated along with Ms. Magillicutty. Joe, however, was quite skillful in the situation, and, if he’s still there, is probably busier than ever…
Disseny en temps de recessió
No fa tant, l’únic que ens preocupava era complir els terminis de treball i trobar-hi lloc per seure. En aquella successió, aparentment interminable, de setmanes de seixanta hores, els clients ens telefonaven —i no un ni dos— per demanar-nos que els enviàrem factura d’encàrrecs que ni tan sols havíem iniciat i així poder pressupostar i gastar fons ja assignats. Hi va haver una ocasió en la qual el client fins i tot es va oblidar de l’encàrrec ja pagat.
Vaig comentar el cas a un amic que era gestor de fons d’inversió lliure abans que ningú no haguera ni tan sols sentit parlar d’eixe tipus de producte financer. “Sí, eixe és el pas previ a l’enfonsament” —em va dir amb expressió afligida— “i el motiu pel qual ho deixe”.
No cal ser molt entés en economia per saber que, el 2008, alguna cosa es va enfonsar. I el 2009 no té pinta de ser millor. Porte més de vint-i-huit anys treballant com a dissenyador i esta és la meua quarta o cinquena recessió, depenent de com portem el compte. Ací va un relat sobre què és el que passa en una recessió i algunes mesures que cal prendre.
Què passa en una recessió
1 Tot s’alenteix.
El 19 d’octubre del 1987 estava parlant per telèfon amb una client sobre un possible projecte. De sobte, es va fer un silenci que la meua client va trencar amb un: “Caram! La borsa acaba de perdre 700 punts. Ara te telefone”. Va tardar bastant en fer-ho. En una recessió costa moltíssim iniciar projectes. Els clients es prenen el seu temps per fer arreplega de propostes (muntons de propostes feroçment competitives), entrevistar-se amb firmes de disseny potencials (multitud d’elles, més desesperades que mai), telefonar una i una altra vegada amb insignificants (i trivials) revisions de les propostes i, finalment, decidir-se per la (potser després de tot no tan afortunada) empresa de disseny que s’encarregarà del treball. Després, de nou cal renegociar els termes de la proposta. A més, l’inici del treball s’ajorna en diverses ocasions; una vegada en marxa, el projecte es para unes altres vegades, i, generalment, cada pas costa un temps infinit. Després del lliurament del projecte, encara queda el seu llançament, impressió o construcció. I, després, cal presentar la factura… Bé, i ja saben el que passa…
2 Tothom aparenta estar ocupat.
Amb tot i això, enmig de tota eixa progressió a pas de tortuga, tothom aparenta estar més ocupat que mai. Els comiats fan que hi haja menys gent al voltant i els supervivents han de fer el treball dels col·legues caiguts. Però una altra raó és que, com tots saben, s’acomiada sempre els qui deambulen per l’empresa sense fer res. Solució: aparentar excés de treball és la millor defensa. El que abans se solucionava amb un correu electrònic, ara requereix una telefonada; el que abans s’arreglava amb una reunió de mitja hora, ara en requereix quatre, i així sucessivament. Si tems perdre la teua ocupació, demanar a l’empresa de disseny que et visite amb un cabàs d’idees distintes per a la portada d’un esborrany per a desplegar-les sobre la taula de juntes sembla certament la forma d’indicar als peixos grossos que estàs ficat en un muntó de coses i, per tant, no seria una bona idea tirar-te al carrer.
3 No hi ha res segur.
Però, tot i que presentes un cabàs d’idees distintes, pot ser que l’acomiadat siga el teu client i que el teu projecte acabe als llimbs. Tot això fa que la planificació es torne una bogeria. Recorde una reunió a la qual vaig acudir durant la recessió del 1991 amb un dels meus col·legues, als voltants de Washington, per presentar una nova proposta de negoci a un executiu de Màrqueting d’una empresa que era client nostra i amb un nom que hui els resultaria familiar. Flamants i plens d’entusiasme ens vam presentar a la recepcionista, comunicant-li que teníem una reunió a les deu amb la Sra. Magillicutty [nom fictici]. Després de contemplar-nos durant un minut, perplexa primer, vagament espantada després, la recepcionista ens va invitar a seure en el vestíbul, traslladant-nos després a una xicoteta sala de juntes. Transcorregut una llarga estona d’espera, hi va aparéixer un jove. “Hola” —ens va dir—. “Sóc Joe Blow [nom fictici]. La Sra. Magillicutty no hi pot vindre i m’ha demanat que els atenga”. Vam mostrar el nostre producte a l’educat i no menys confós jove, i ens en vam anar. Ningú no volia dir-ho, però tots sabíem que entre la concertació de la cita i la nostra arribada, la Sra. Magillicutty havia sigut acomiadada. No cal dir que no vam aconseguir l’encàrrec, eliminat, segurament, amb la mateixa Sra. Magillicutty. Ara bé, cal reconéixer-li a Joe una considerable habilitat en la seua forma de resoldre la situació. Si encara es troba allí, estarà, segurament, més ocupat que mai…

1 Comentarios
10 Diciembre 2009 12:35
Articulado se presenta en sociedad « CuatroTipos
[...] podemos encontrar textos de destacadas figuras del diseño internacional, Erwan Bouroullec, Michael Bierut, Karim Rashid, o Milton Glaser, así como las aportaciones nacionales de Enric Jardí, André [...]
Posting your comment...
Leave A Comment