25 Ago 2009 ,
Sara Guntiñas , 0 Comentarios
Busqué en el diccionario de la RAE la definición de diseño y encontré algo que si piensas en muebles te hace casi hasta sonreírte: “Del it. disegno”
El concepto “diseño italiano” se ha convertido en un atributo espectacularmente resultón cuando lo atribuyes al mobiliario y es que hay que admitir que lo han sabido hacer muy bien.
La inversión en I+D+I ha logrado que la crisis que se ha vivido en el sector del mueble en otros países, sin ir más lejos en España y más concretamente en Valencia, haya pasado de puntillas por Italia. Han sabido crear una imagen de marca de país, donde no importa tanto la firma comercializadora como el origen del diseño.
Cierra los ojos y piensa en un domingo de hace veinte o treinta años…
Quizá no tomaras pollo asado, pero si paseabas por Valencia notabas como el aire estaba impregnado de ese olor. Había multitud de puestos por todas partes, como las castañas asadas o las luces en Navidad. Los sentidos asocian significados inconscientemente que permanecen en el recuerdo. Pero no en las calles. Al menos, no como antes. Y es que, aunque ahora los domingos huelan a todo tipo de comida para llevar, a mí me siguen oliendo a pollo asado.
Esa complicidad evocadora es la que necesita cualquier producto o marca. Y ese es el trabajo del comunicador. Los diseñadores somos comunicadores. Conseguir que la identidad de una empresa, o su producto, entre en la mente del consumidor y se quede allí. Se convierta en parte de sus recuerdos porque sea capaz de conectar, evocar o motivar.