25 Ago 2009 ,
Erwan Bouroullec , 1 Comentarios
Febrero de 2009: Hace seis meses que la crisis puso en duda muchas posiciones. Creo que en unos años esta crisis no será interpretada como un periodo transitorio, sino como el punto de partida de una nueva situación o un nuevo contrato.
La crisis se ha caracterizado por el hundimiento de los valores especulativos, sobre los que los bancos aparentemente han perdido el control. Parece también que, visto con perspectiva, los bancos nunca han tenido una comprensión clara del funcionamiento de estos productos financieros, y de sus interrelaciones en un contexto financiero más global. Lo que sí sabían es que invertían sus activos y, como consecuencia de esto también, el sistema financiero mundial, en valores que no entendían.
25 Ago 2009 ,
Covadonga Pendones , 0 Comentarios
La vida de un objeto de diseño, ya sea un utensilio, un mueble, un material o un elemento constructivo, tiene diferentes etapas vinculadas a su consumo y popularización y, precisamente, su éxito y supervivencia dependen de que vaya cumpliendo cada una ellas, hasta introducirse en nuestras vidas y casas sutilmente y hacerse indispensable. Se suele hablar de tendencia cuando un producto con determinadas características estéticas innovadoras irrumpe en círculos exclusivos o profesionales; pertenece a una esfera superior y su adquisición es restringida. Cuando este producto llega a la calle, lo vemos en los escaparates y podemos adquirirlo, siempre bajo su estela de novedad, estamos ante una moda. Finalmente, al cabo del tiempo, el producto puede perder sus características de exclusividad y estética innovadora, y pasar a ser objeto de consumo popular, que de ninguna manera va en su detrimento; al contrario, conseguir esta meta asegura el éxito de cualquier producto comercial. Este proceso, mediante el cual se pasa de lo exclusivo e innovador al consumo popular, asegura la supervivencia del producto durante décadas. Me interesa reseñar varios casos, cuyo recorrido hemos observado en las revistas de decoración, desde que irrumpen en el mercado como lo más novedoso y sofisticado, hasta que son absorbidos por la sociedad e introducidos en nuestros hogares como objetos o materiales comunes y accesibles. No me refiero únicamente a objetos o muebles de diseño, sino también a sistemas constructivos, materiales innovadores y otros elementos decorativos que buscan rentabilizar los espacios habitacionales actuales.
25 Ago 2009 ,
Carlos Tíscar , 0 Comentarios
Acabo de ver en Internet el enésimo “joke design”. Mis adoradas pinzas de madera para tender la ropa convertidas en una serie de gadgets poco afortunados formalmente y de pretendida funcionalidad. El hallazgo se une a la ingente colección de cachivaches producida por nuevas generaciones de diseñadores de todo el planeta. Esta tendencia consiste en proponer objetos cuyo principio de funcionamiento o su aspecto formal pretende hacer gracia en el observador. Naturalmente, este tipo de objetos funcionan bien en las ferias o en las revistas (quizá esta es la causa de su proliferación) aunque se supone que los objetos deben convivir con nosotros durante largos periodos de tiempo y la verdad, lo que en un principio parece divertido termina por aburrirnos debido a su vaciedad. Hasta los mejores chistes, cuando nos los cuentan varias veces, pierden su gracia.
24 Ago 2009 ,
André Ricard , 1 Comentarios
Los objetos útiles que hoy constituyen los instrumentos básicos de nuestro entorno cotidiano -una silla, un tenedor o cualquier otro enser o herramienta doméstico- se han instituido como una suerte de “géneros” que han alcanzado su identidad actual tras un largo proceso de evolución facilitado tanto por las enseñanzas de su elaboración como por las extraídas del propio uso. Al igual que las especies animales, todo partió de una idea inicial burda e incompleta, que fue depurando sus prestaciones y su forma hasta alcanzar la perfección forma/función que tienen hoy. Poseen estos objetos una perfección formal tan equilibrada que ya resulta difícil, por no decir imposible, mejorar la función de uso que nos prestan.
Cierra los ojos y piensa en un domingo de hace veinte o treinta años…
Quizá no tomaras pollo asado, pero si paseabas por Valencia notabas como el aire estaba impregnado de ese olor. Había multitud de puestos por todas partes, como las castañas asadas o las luces en Navidad. Los sentidos asocian significados inconscientemente que permanecen en el recuerdo. Pero no en las calles. Al menos, no como antes. Y es que, aunque ahora los domingos huelan a todo tipo de comida para llevar, a mí me siguen oliendo a pollo asado.
Esa complicidad evocadora es la que necesita cualquier producto o marca. Y ese es el trabajo del comunicador. Los diseñadores somos comunicadores. Conseguir que la identidad de una empresa, o su producto, entre en la mente del consumidor y se quede allí. Se convierta en parte de sus recuerdos porque sea capaz de conectar, evocar o motivar.